Manifiesto de la Economia Democratica

Por: David van Arsdale, Michael McCabe, Costas Panayotakis, Sohnya Sayres, Jan Rehmann, y Richard Wolff.

Un nuevo horizonte histórico se abre ante nosotros en estos tiempos de cambio. El sistema capitalista ha engendrado una crisis económica junto a una clase política fácil de comprar. Ninguno sirve las necesidades de nuestra sociedad. No importa si son trabajos estables y bien pagados, o una relación sustentable con el medio ambiente del que dependemos, nuestra sociedad no nos está dando los resultados que las personas quieren y merecen. No tenemos las vidas a las que aspiramos y el futuro de nuestros hijos está amenazado por unas condiciones sociales que pueden y deberían ser transformadas. Una causa importante para esta intolerable situación es la falta de una democracia genuina, tanto en nuestra economía como en nuestra política. Una solución clave que se deriva de estos problemas es el establecimiento de una democracia económica genuina como base para una democracia política también genuina y auténtica. Eso significa la transformación de los espacios de trabajo en nuestra sociedad, cosa que proponemos en lo que sigue.

Estamos inspirados por el movimiento de Occupy Wall Street (OWS) que se ha regado dentro y fuera de los Estados Unidos. El movimiento de OWS no sólo expresa el rechazo popular de la injusticias de nuestros sistema y la falta de democracia. También tiene unas metas que incluyen la democracia económica. Nosotros le damos la bienvenida, apoyamos y buscamos construir a OWS como el movimiento que se necesita de manera urgente para reorganizar nuestra sociedad, hacer que las instituciones sean responsables ante la voluntad pública, y que establezca tanto una democracia económica como una sensatez ecológica.

 

1. El capitalismo y “el repartimiento de los bienes” 

Hoy en día el capitalismo abusa en igual medida de la gente, el ambiente, la política y la cultura. Ha fomentado nuevos extremos en riqueza y pobreza dentro de la mayoría de los países, y tales extremos siempre socavan o impiden una política democrática. A su vez, la producción capitalista con miras a la ganancia nos pone en peligro con su calentamiento global, una contaminación que va en aumento, y una crisis energética iminente.Y ahora, la inestabilidad recurrente del capitalismo (lo que otros llaman su “ciclo económico”) ha hundido al mundo en la segunda crisis económica masiva y global en los últimos 75 años.

Aun así, los gobiernos demócratas y republicanos han fallado en traerle una recuperación a la gran masa de los estadounidenses. Continuamos enfrentando un desempleo alto y ejecuciones hipotecarias junto a salarios reales, beneficios y seguridad de empleo que se van achicando. Es así que requiere un aumento en la deuda pública para asegurar los bienes basicos. El gobierno usa nuestros impuestos para traerle una recuperación económica a los bancos, mercados financieros y grandes corporaciones. Hemos esperado que los rescates del sector rico corporativo se filtren hacia el resto de nosotros y nunca sucedió. Para pagar por la recuperación, se nos dice que tenemos que someternos a recortes en los servicios y empleos públicos, y hasta en nuestro seguro social y beneficios de Medicare. Los déficits presupuestarios y deudas nacionales a los que se han incurrido para salvar al capitalismo de sus propios defectos se usan ahora para justificar el que se imponga el costo de la recuperación sobre los hombros de los demás. No debemos pagar por la crisis del capitalismo y por la reacción injusta y fallida del gobierno a esa crisis. Es hora de tomar un nuevo camino en el cual hagamos cambios económicos, políticos y sociales que hace mucho debieron hacerse.

Comenzamos por aprender de las experiencias previas que trataron de superar al capitalismo. El socialismo tradicional- como el de la URSS- enfatizaba la propiedad pública, en vez de la privada, de los medios de producción y la planificación gubernamental en vez de la operación de mercados. Ese arreglo contro demasiado poder en el gobierno y por lo tanto corrompió el proyecto socialista. Aún los regresos al capitalismo no superaron ni rectificaron los fracasos del socialismo tipo soviético.

También hemos aprendido de la gran crisis capitalista en los Estados Unidos durante la década de los treinta. En ese entonces un reavivamiento sin precedentes en la organización de uniones y sindicatos por la CIO y las mobilizaciones políticas por los partidos socialistas y comunistas ganaron importantes reformas: se estableció el seguro social y el seguro contra desempleo, y se crearon y llenaron 11 millones de empleos federales. Estas caras reformas en medio de la depresión fueron pagadas en parte al aplicarle unos impuestos significantes a las corporaciones y a los ricos (que en ese entonces tambien estaban sujetos a regulaciones considerables). Aún así, las reformas del Nuevo Trato fueron evadidas, debilitadas o abolidas en las décadas luego de 1945. Para aumentar sus ganancias, los grandes accionistas de las corporaciones y sus juntas de directores tenían todo tipo de incentivo para desmantelar esas reformas. Utilizaron sus ganancias para deshacerse del Nuevo Trato. Las reformas que se pueden obtener siempre van a ser inseguras hasta que los trabajadores que se benefician de las reformas estén en una posición para recibir las ganancias de las empresas y utilizarlas para extender, no socavar, esas reformas.

La tarea que enfrentamos va mucho mas allá de escoger entre la propiedad pública y privada, o entre mercados y planificacion. Tampoco podemos conformarnos con recrear reformas que las empresas capitalistas pueden y van a socavar. Estas no son nuestras alternativas. La estrategia que proponemos es la de establacer una base realmente democrática- por medio de la reorganizacion de las empresas- para apoyar esas reformas y la combinacion de propiedad y distribucion de recursos que mejor le sirvan a nuestras necesidades sociales, culturales y ecologicas.

 

2. La Democracia Económica en el Trabajo y en la Sociedad

El cambio que proponemos- como una nueva e importante adición a la agenda de cambio social- ocurre dentro de la producción: dentro de las empresas y otras instituciones (el hogar, el estado, escuelas, etc.) que producen y distribuyen los bienes y servicios con los cuales la sociedad depende. Dondequiera que ocurra el proceso de producción, los trabajadores deben, de manera colectiva, ser sus propios jefes, su propia junta de directores. La descripción de trabajo de cada persona cambiaría: aparte de tu tarea particular, se requiere que participes plenamente en el diseño y manejo de la empresa. Decisiones que anteriormente fueron hechas de manera privada por juntas de directores o por oficiales de estado- relacionadas a qué, cómo y dónde se produce y cómo utilizar los ingresos recibidos- ahora se harían de manera colectiva y democrática por los mismos trabajadores. La educación se rediseñaría para entrenar a todas las personas en funciones de liderazgo y control que ahora son reservadas para las élites.

Tal reorganización de la producción finalmente subordinaria de manera genuina al estado ante la gente. Los ingresos del estado (impuestos, etc.) dependerían de lo que los trabajadores le dieran al estado en base a los ingresos de las empresas controladas por los trabajadores. En vez de los capitalistas, una pequeña minoría que suple fondos y controla al estado, la mayoría -los trabajadores- finalmente ganarían y ocuparían esa posición social que es tan crucial.

Claro esta, la democracia en el trabajo debe estar entrelazada con la democracia comunitaria en los lugares de residencia que son mutuamente interactivas e interdependientes con las localizaciones de trabajo. La democracia económica y política se necesitan y terminarían reforzándose mutuamente. Los trabajadores y residentes que se auto-dirigen deben compartir de manera demócratica el proceso de toma de decisiones en ambos lugares. Instituciones locales, regionales y nacionales entonces incorporarían el proceso de toma de decisiones entre el trabajo y las comunidades. Tales instituciones entonces partirían de las lecciones de las experiencias capitalistas y socialistas del pasado.

 

3. Beneficios de la Democracia en el Trabajo

Cuando las comunidades de trabajadores y residentes decidan juntas como la economía debe desenvolverse, los resultados van a contrastar con los resultados del capitalismo. La democracia en el trabajo no movería, por ejemplo, la producción a otros países como han hecho las corporaciones capitalistas. Las empresas dirigidas por trabajadores no le pagarían enomes salarios a uno pocos gerentes y administradores mientras que los salarios y beneficios de la inmensa mayoría de los trabajadores andan estancados. Empresas democráticamente corridas por los trabajadores  con comunidades a su alrededor no implantarían tecnologías tóxicas y peligrosas como en muchos casos han hecho las empresas capitalistas con miras a lograr más ganancias. Lo que sí posiblemente harían es proveer cuido para niños y ancianos u otro tipo de servicios de apoyo. Por primera vez en la historia de la humanidad, las sociedades podrían repensar y reorganizar de manera democrática el tiempo que dedican al trabajo, al juego, a las relaciones personales, y a las actividades culturales. En vez de estar quejándonos de que tenemos poco tiempo para dedicárselo a las cosas más significativas en nuestras vidas, podríamos entre todos decidir reducir el tiempo de trabajo, concentrarnos en los bienes de consumo que de verdad necesitamos, y así dejar más tiempo para las relaciones imortantes en nuestras vidas. Así podríamos vencer las divisiones y tensiones (muchas veces definidas en términos raciales, religiosos, étnicos y otros) que el capitalismo impone en poblaciones al separarlas en los que tienen trabajo a tiempo completo, trabajo a tiempo parcial, trabajos contingentes, o los que están excluidos del mercado laboral.

Una nueva sociedad puede ser construida a base de la reorganiación democratica de nuestros lugares de trabajo, donde las personas pasan la mayor parte de sus vidas adultas. En tiempos recientes, la comunidad humana se ha librado de reyes, emperadores, y zares a favor de parlamentos y congresos representativos (y algo democráticos). Los miedos y advertencias por esos que se opusieron al cambio social fueron probados falsos por la historia. El cambio por el que abogamos hoy en día lleva a la democracia a otro paso necesario y lógico: la posiciona dentro del lugar de trabajo. Aquellos que temen y amenazan con que no va a funcionar tambien serán corregidos por la historia.

 

4. Un Proyecto Realista e Inmediato

Hay pasos prácticos y populares que podemos tomar ahora para realizar la democracia económica. En contra del desempleo masivo y la cruel pobreza, proponemos un nuevo tipo de programa de obras públicas. Sería diferente de los programas federales de empleo del Nuevo Trato (cuando Franklin Delano Roosevelt le dio trabajo a millones de desempleados) en dos formas. Primero, se enfocaría en una agenda “verde” y de servicios de apoyo. Por “verde”nos referimos a mejorar masivamente la sustentabilidad del lugar de trabajo y las comunidades residenciales al, por ejemplo, construir sistemas de transportación masiva que conserven energía, arreglen canales de agua y bosques, etc., y que establezcan sistemáticamente programas en contra de la contaminación. Por “servicios de apoyo” nos referimos a nuevos programas de cuido de niños y ancianos para ayudar a las familias bregar con las condiciones del trabajo y demografía presentes hoy en día en los Estados Unidos.

Sin embargo, el nuevo programa de obras públicas que proponemos se diferencia en forma dramática de los proyectos de obras públicas que hemos visto en el pasado. En vez de pagarle un subsidio de desempleo semanal a los desempleados, nuestro programa de obras públicas enfatizaría el proveer a los desempleados con fondos para comenzar a contruir su propia empresa cooperativa y de autogestión.

Los beneficios de este proyecto son varios. Los beneficios ecológicos de por sí  harían que éste fuese el programa ambiental más grande en la historia de Estados Unidos. Los beneficios económicos serían grandísimos al millones de personas recobrar su auto-estima que fue lacerada por el desempleo y al ganar ingresos que les permitan mantener sus hogares y, con sus compras, brindarles empleos a otros. El empleo público con una paga decente para todos sería un gran paso para aliviar las discriminaciones de género, raza y de otro tipo que ahora dividen a nuestra gente.

Un beneficio especial de todo esto sería un nuevo libre albedrío para los americanos. Como personas, podriamos examinar y evaluar los beneficios del trabajo dentro de las empresas donde cada trabajador es empleado y jefe, donde las decisions son debatidas y tomadas de forma democrática. Por primera vez en la historia de los Estados Unidos, comenzaremos a disfrutar de esta libertad de poder escoger entre trabajar en un corporación capitalista organizada jerárquicamente de arriba hacia abajo o el trabajar en un lugar de trabajo democrático y cooperativo. El futuro de nuestra sociedad dependerá en como los americanos hagan esa elección, y esa es la forma en que el futuro de una sociedad democrática debe ser determinado.

 

5. Las Raices en la Riqueza que Sostienen este Proyecto

Los americanos han estado interesados y han construido varias empresas cooperativas- que en cierta forma no son capitalistas- a través de la historia. La idea de construir un “commonwealth cooperativista” ha atraído repetidamente a muchos. Al día de hoy, se estima que 13.7 millones de americanos trabajan en 11,400 companías con planes de participación accionaria de los empleados conocidas como ESOPs (employee stock ownership programs) en donde los empleados son dueños de parte o de la totalidad de la compañía. Las empresas sin fines de lucro son muy comunes en muchas areas empresariales en los Estados Unidos. Algunas empresas no-capitalistas están inspiradas por el ejemplo de Mondragón, una federación de más de 250 cooperativas controladas por los trabajadores que emplean a mas de 100,000 personas en la región  del país Vasco de España. Dado que los salarios estan determinados por los mismos trabajadores, la razón de salarios entre aquellos que tienen funciones ejecutivas y los demás  es en promedio 5 a 1, mientras que en las corporaciones multinacionaels capitalistas contemporáneas la razón es de 475 a 1.

Hoy en día el movimiento cooperativo norteamericano se extiende desde la Asociación Arizmendi (en la bahía de San Francisco)  a la Vida Verde Cleaning Cooperative (en Massachusetts) y hasta la Cooperativa Black Star Collective Pub and Brewery (en Austin, Texas), por mencionar algunas. El conglomerado más grande de cooperativas controladas por trabajadores en los Estados Unidos es la “Evergreen Cooperative Model”(o “Modelo de Cleveland), que consiste, entre otras, de la Evergreen Cooperative Laundry, la Ohio Cooperative Solar, y la Green City Growers. Estas cooperativas comparten a) propiedad común y colectiva en el trabajo; b) obligaciones ecológicas para producir bienes y servicios sustentables y crear “empleos verdes” y c) nuevos tipos de planificación económica comunitaria que son mediados por “instituciones anclas”(ej. universidades y hospitales sin fines de lucro), fundaciones comunitarias, fondos de desarrollo, bancos que son propiedad del gobierno o de los empleados, etc. Estas cooperatives están generando nuevos conceptos y tipos de desarrollo económico.

Estos ejemplos de varios grados de democracia dentro del trabajo dan testimonio del inmenso interés y compromiso social para desarrollar formas de trabajo no-capitalistas. Contrario a mucha de la mitología popular, hay una base popular sólida para un movimiento que expanda y diversifique las opciones para organizar las formas en que producimos. La democracia en el trabajo responde a necesidades y deseos muy profundos.

 

Únete al movimiento con Democracy at Work: democracyatwork.info/esp

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